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No sé por qué ha salido la expresión “esto me suena a chino” en clase y, a partir de ahí, hemos compartido cuáles son las correspondientes en las lenguas nativas y/o nacionalidades presentes en clase.

Así pues, el equivalente en alemán a nuestro “me suena a chino” es “me suena a español”. Para los polacos, lo que no se entiende “suena a turco”. Los italianos dicen que les “parece árabe”. Los franceses y los ingleses dicen que “es griego”.

Aprovechando esto, he hecho una búsqueda en la red y he encontrado este curioso mapa de la incomprensión mutua. No os lo perdáis.

Liechtenstein, los sellos y el sexo oral (Reblogueo de Yoriboku)

Por razones que no vienen al caso, toda mi familia disfruta de un pasaporte de Liechtenstein, excepto yo, que soy de Moratalaz. La filatelia tiene una injusta fama de aburrida, pasatiempo de abuelos o de pervertidos (o ambas cosas), pero, gracias a los sellos, descubrí con muy corta edad la existencia de este pequeño país […]

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Sí, así de fuerte empiezo… y no me duelen prendas reconocerlo: me he portado como un campeón. He hecho todo lo que esperaban de mí a la hora (temprana) del almuerzo en el avión de Iberia que me llevaba a Estambul. Es decir, he mirado con sorna la bandeja, me lo he comido y bebido todo, he usado todos los sobrecitos (salsa, sal, pimienta, azúcar, sacarina y leche en polvo) y hasta me he limpiado con la toallita. Además, he repasado el todo este vocabulario en inglés gracias a que todo iba rotulado.

Conclusiones:
- Tengo que escribir sobre esto.
- Voy a hacer una foto a la bandeja.
- Para el próximo viaje me traigo un bocata, como hago cuando viajo en low-cost.
- Iberia no miente cuando dice que solo usa primeras marcas (lo que no dice es quién combina los ingredientes).
- Tengo que escribir sobre esto.
- Me gustaría ver el lugar donde preparan la comida (me lo imagino como la cocina de un summercamp) y, sobre todo, dónde montan las bandejas (me lo imagino como las plantas donde montan los iPad).
- Tengo que escribir sobre esto.
- Valorar la posibilidad de etiquetar todo lo que hay en casa en dos o tres idiomas.
- Pobres astronautas.

El análisis de la micro-bandeja en la que se concentran, comprimen y encajan todos los elementos que componen el menú, como si fuera una caja con la estantería Billy de Ikea o una pantalla del Tetris, permite otras reflexiones:
- Objetiva y teoricamente hablando, tenemos un panecillo que podemos untar con mantequilla o queso; de entrante, ensalada con salsa César; plato principal, macarrones con salsa de tomate, jamón, champiñones y queso rallado; de postre, bizcocho. Bebida y café. En principio, no hay motivo de queja: qué bien queda todo negro sobre blanco…
- Objetiva y empíricamente hablando, el panecillo es muy “-illo” y está helado, al igual que los cubiertos con los que debemos untar la mantequilla, el queso y comer; lo mejor de todo el menú es la salsa César. La ensalada, porque es salsa César para ensaladas; los macarrones se parecen mucho a aquellos macarrones con los que debuté como cocinero (cuando cumplí 11 años); la ensalada se componía de lechuga (cortada por el mismo que corta la lechuga para los BigMac) y un canónigo; confirmo, motivado por las lecturas sobre arqueología en Estambul en las que estaba inmerso antes de la comida, que tras arduos esfuerzos, encontré una tira de jamón York y medio champiñón en la salsa, debajo de los macarrones; el postre… era dulce (soy incapaz de dar más detalles); la sal, el azúcar, la pimienta, la mantequilla y la sacarina correctas, cumpliendo su función con precisión.

Recordatorio: la próxima vez que viaje en un vuelo que incluya comida, no debo leer antes sobre especialidades gastronómicas del lugar adonde voy. Es francamente frustrante pasar del libro y la imaginación a la cruda realidad.

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Hablábamos en clase sobre viajes e hicimos un ronda entre los alumnos de preguntas sobre las ciudades favoritas. ¿Cuál es la ciudad más romántica, más limpia, más divertida, más interesante por la cultura, etc.? Cuando hablábamos de ciudades limpias y sucias, una alumna china nos contó que en Singapur está prohibido comer chicle.

El comentario pasó un tanto desapercibido en clase pero yo no podía dejar de pensar en ello y volví sobre el tema pensando que la cosa era que estaba prohibido escupir y/o tirar el chicle al suelo… pero no, mi alumna insistía en que está prohibido comer chicle. Es más, afirmaba que no se venden chicles en Singapur. Bien, ahí quedó la cosa, pensando que ella sabía mucho más que yo de Singapur.

Y al llegar a casa, me puse a buscar información y la primera entrada que arroga Google ante la búsqueda “Singapur chicle” es… ¡una noticia de El País de 1992!

El Gobierno de Singapur ha dictado una ley, en vigor desde hoy, que prohíbe la importación, fabricación y venta de chicle. El argumento es la, conducta incivilizada de sus consumidores, que, pegando la goma de mascar en puertas y paredes, han perjudicado el funcionamiento de metros, trenes y ascensores.

En 2002 un diario mexicano publicaba que Singapur se mantenía firme en su prohibición. En 2010 una noticia similar a la anterior aseguraba, esta vez en el portal Terra, que el gobierno no deroga la ley y citaba las palabras de un responsable del gobierno del país asiático:

Mascar goma no ha sido un problema desde que entró en efecto la prohibición. Nos preocupa que levantarla provoque suciedad en los lugares públicos

Esta es la última noticia que he encontrado así que supongo que sigue en vigor. No obstante, es alucinante la prohibición. Comparto con vosotros mi alucine :)

Este libro -Nuevo alfabeto ruso, de la periodista Katia Metelizza- me lo regaló una alumna, Yulia, que viene todos los años, en diciembre o enero, a mejorar su español a la escuela. El año pasado me regaló este librito, absolutamente recomendable, sobre los detalles cotidianos de la Rusia actual y, en consecuencia, en contraste con la extinta URSS, con aroma a la Revolución Bolchevique y con una mirada, al menos de reojo, a la época de los zares.
Incluye, como digo, pasajes de la vida cotidiana de los rusos que revelan una mentalidad, una cultura, unas aspiraciones e, incluso, unas cargas históricas a través de cuestiones cotidianas que van desde la decoración de las casas, las compras en el supermercado o los trámites en el aeropuerto al yogur y la salchicha o al sentido de nostalgia y el de patria. Enseña, como digo, muchas cosas, como el corte anual de agua caliente, el que más me ha sorprendido.
Cada microrrelato da para varios post de este blog pero creo que esta recomendación a su lectura es mucho mejor.

Este libro -Nuevo alfabeto ruso, de la periodista Katia Metelizza- me lo regaló una alumna, Yulia, que viene todos los años, en diciembre o enero, a mejorar su español a la escuela. El año pasado me regaló este librito, absolutamente recomendable, sobre los detalles cotidianos de la Rusia actual y, en consecuencia, en contraste con la extinta URSS, con aroma a la Revolución Bolchevique y con una mirada, al menos de reojo, a la época de los zares.

Incluye, como digo, pasajes de la vida cotidiana de los rusos que revelan una mentalidad, una cultura, unas aspiraciones e, incluso, unas cargas históricas a través de cuestiones cotidianas que van desde la decoración de las casas, las compras en el supermercado o los trámites en el aeropuerto al yogur y la salchicha o al sentido de nostalgia y el de patria. Enseña, como digo, muchas cosas, como el corte anual de agua caliente, el que más me ha sorprendido.

Cada microrrelato da para varios post de este blog pero creo que esta recomendación a su lectura es mucho mejor.

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Me contaba una alumna hace unos días en clase que durante el Carnaval de Colonia (y, por lo que he podido leer, en algunas otras ciudades de Alemania) hay un día llamado Weiberfastnach, en el que las mujeres le cortan la corbata a cualquier hombre que lleve dicha prenda. Yo les pregunté si a cualquier hombre o a los que participan de la fiesta en algún lugar y me contestó que cualquier hombre que lleve corbata se arriesga a que “se la corten”.

Parece ser que todo viene de algún tipo de revolución femenina de mediados del siglo XIX, lo que se recuerda cada año a principios del Carnaval, con este día (que creo que siempre es un jueves), en el que cortar la corbata representa corta lo más viril, lo más masculino del hombre.

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Se acerca la Navidad (ahora sí, no cuando quiera El Corte Inglés) y es tema recurrente en nuestras clases de español para extranjeros… y nunca se deja de aprender (de ahí el sentido de la existencia de este blog).

Las dos últimas semanas he tenido la ocasión -y el placer- de dar clase a un grupo de chicos y chicas de un instituto del norte de Italia, de una ciudad cercana a Milán y, hablando de la Navidad y los regalos, de Papá Noel (‘Babbo Natale’, en versión italiana) y de los Reyes Magos que llevan carbón a los “niños malos”, les pregunté si existía esa costumbre en Italia del carbón y me comentaron que sí, pero que no eran los Reyes Magos los portadores del negro mineral dulcificado sino una bruja, una tal Befana.

Según cuenta la leyenda (y, a su vez, según cuenta Wikipedia), el origen del nombre está en la propia Epifanía y “según el cuento popular, los Reyes Magos, de camino a Belén para llevar sus presentes al Niño Jesús, al no conseguir encontrar el camino correcto, pidieron ayuda a una anciana. A pesar de la insistencia de estos para que les siguiese en su visita al pequeño, la mujer no salió de casa para acompañarlos. Más tarde, al arrepentirse de no haber ido con ellos, y tras preparar un cesto con dulces, salió de casa y se puso a buscarlos, sin conseguirlo. De esta forma se paró en cada casa que encontraba a lo largo del camino, dando chucherías a los niños que encontraba, con la esperanza de que alguno de ellos fuese el pequeño Jesús. Desde entonces vagaría por el mundo haciendo regalos a todos los niños para hacerse perdonar.”

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Hablábamos hoy en clase de expresiones para saludar y para despedirse (y debatíamos, entre otras cosas, del “buen día”, en singular, y el “buenos días”, pluarl) y comentaba a mis alumnos que yo, personalmente, hasta que empecé a trabajar dando clases de español a extranjeros nunca me había despedido con la expresión “¡Buen fin de semana!”. Normalmente, los viernes solía despedirme de mis compañeros con “¡que descanséis!”, “¡que lo paséis bien!” o “¡que tengáis un buen finde!”.

Pero lo que me ha llamado la atención y lo que he aprendido (esencia y leitmotiv de las notas que recojo en este blog) viene ahora: en la clase tengo cuatro alumnos alemanes y me han dicho que en Alemania, cuando una persona se va a casa al final de la jornada laboral e, incluso, cuando envía el último e-mail profesional a compañeros, por ejemplo, se despiden con la expresión Schönen Feierabend que podríamos traducir como “buen final de trabajo” o “buen fin de la jornada laboral”. A mí me recuerda a cuando en el cole daban los avisos por megafonía a las ocho de la mañana y se despedían con ese “buenos días y buen trabajo” que, por tanto, no asocio con la despedida del día sino con el comienzo de una jornada…

A mí se me ocurren otras muchas formas, como “adiós caracol”, “chao pescao”, “que te sea leve”, “sé bueno” o “vete por la sombra” :D

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Por Iñaki Berazaluce | 30.07.2011 | 08:56 h.

Por el sudor de las manos. En gran parte del mundo el saludo más habitual entre personas es chocando las manos, pero ese gesto no resulta muy agradable cuando uno o dos de las personas tienen las manos sudadas. En el extremo oriente, la incidencia de la hiperhidrosis –que es como se llama al exceso de sudoración- alcanza al 25% de la población, un porcentaje nueve veces superior a la media mundial, que es del 2,8%.

Por tanto, en países como China o Japón (pero también en Brasil o Israel) una de cada cuatro personas suda excesivamente, de modo que casi la mitad (44%) de todos los apretones de manos posibles estarían impregnados en sudor. La respuesta cultural para evitar ese mal trago de origen fisiológico es recurrir a la inclinación de tronco, una reverencia que entraña todo un ceremonial en Japón.

Por tanto, la hiperhidrosis puede estar en el origen de la conocida aversión de los nipones hacia el contacto físico con extraños (y no sólo con extraños). En un revelador experimento realizado por el antropólogo Edward Hall en la década de los 60 –reseñado por Flora Davis en su clásico “La comunicación no verbal”- los investigadores metieron a dos desconocidos de distintas culturas en una habitación a charlar. En función de las respectivas ‘distancias de intimidad’ los interlocutores se movían por la habitación, huyendo los que se sentían invadidos (japoneses y chinos), aproximándose los que buscaban mayor contacto (árabes y latinos).

El caso extremo se produjo precisamente en el dueto formado por un japonés, con una posibilidad entre cuatro de que le sudaran las manos, y un árabe. Mientras éste trataba de aproximarse, el nipón retrocedía, sintiéndose invadido por el primero. La conversación se inició en un extremo de la habitación y terminó en la otra, con el japonés atrapado entre el árabe y la pared.

Por cierto, la hiperhidrosis tiene cura e incluso una asociación mundial de afectados. También tiene una neurosis derivada: la transpirofobia.

El dato sobre la distribución geográfica de la hiperhidrosis está tomado de “Tú, manual de usuario”, de Roizan y Oz.

Fuente | Cooking Ideas

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Me ha parecido muy curioso esto que han explicado unos alumnos franceses en clase y me ha transmitido un profe: el dedo al que en español llamamos meñique, en francés se dice auriculaire. ¿El motivo? Fácil de imaginar, ¿no? Es el dedito que va a la oreja cuando pica :-) (Es, al menos, la explicación que han dado los estudiantes).

Ya metidos en faena, he buscado los nombres de los otros dedos y los he encontrado, como muchas veces, en Yahoo! Respuestas.