Este libro -Nuevo alfabeto ruso, de la periodista Katia Metelizza- me lo regaló una alumna, Yulia, que viene todos los años, en diciembre o enero, a mejorar su español a la escuela. El año pasado me regaló este librito, absolutamente recomendable, sobre los detalles cotidianos de la Rusia actual y, en consecuencia, en contraste con la extinta URSS, con aroma a la Revolución Bolchevique y con una mirada, al menos de reojo, a la época de los zares.
Incluye, como digo, pasajes de la vida cotidiana de los rusos que revelan una mentalidad, una cultura, unas aspiraciones e, incluso, unas cargas históricas a través de cuestiones cotidianas que van desde la decoración de las casas, las compras en el supermercado o los trámites en el aeropuerto al yogur y la salchicha o al sentido de nostalgia y el de patria. Enseña, como digo, muchas cosas, como el corte anual de agua caliente, el que más me ha sorprendido.
Cada microrrelato da para varios post de este blog pero creo que esta recomendación a su lectura es mucho mejor.

Este libro -Nuevo alfabeto ruso, de la periodista Katia Metelizza- me lo regaló una alumna, Yulia, que viene todos los años, en diciembre o enero, a mejorar su español a la escuela. El año pasado me regaló este librito, absolutamente recomendable, sobre los detalles cotidianos de la Rusia actual y, en consecuencia, en contraste con la extinta URSS, con aroma a la Revolución Bolchevique y con una mirada, al menos de reojo, a la época de los zares.

Incluye, como digo, pasajes de la vida cotidiana de los rusos que revelan una mentalidad, una cultura, unas aspiraciones e, incluso, unas cargas históricas a través de cuestiones cotidianas que van desde la decoración de las casas, las compras en el supermercado o los trámites en el aeropuerto al yogur y la salchicha o al sentido de nostalgia y el de patria. Enseña, como digo, muchas cosas, como el corte anual de agua caliente, el que más me ha sorprendido.

Cada microrrelato da para varios post de este blog pero creo que esta recomendación a su lectura es mucho mejor.

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Me contaba una alumna hace unos días en clase que durante el Carnaval de Colonia (y, por lo que he podido leer, en algunas otras ciudades de Alemania) hay un día llamado Weiberfastnach, en el que las mujeres le cortan la corbata a cualquier hombre que lleve dicha prenda. Yo les pregunté si a cualquier hombre o a los que participan de la fiesta en algún lugar y me contestó que cualquier hombre que lleve corbata se arriesga a que “se la corten”.

Parece ser que todo viene de algún tipo de revolución femenina de mediados del siglo XIX, lo que se recuerda cada año a principios del Carnaval, con este día (que creo que siempre es un jueves), en el que cortar la corbata representa corta lo más viril, lo más masculino del hombre.

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Se acerca la Navidad (ahora sí, no cuando quiera El Corte Inglés) y es tema recurrente en nuestras clases de español para extranjeros… y nunca se deja de aprender (de ahí el sentido de la existencia de este blog).

Las dos últimas semanas he tenido la ocasión -y el placer- de dar clase a un grupo de chicos y chicas de un instituto del norte de Italia, de una ciudad cercana a Milán y, hablando de la Navidad y los regalos, de Papá Noel (‘Babbo Natale’, en versión italiana) y de los Reyes Magos que llevan carbón a los “niños malos”, les pregunté si existía esa costumbre en Italia del carbón y me comentaron que sí, pero que no eran los Reyes Magos los portadores del negro mineral dulcificado sino una bruja, una tal Befana.

Según cuenta la leyenda (y, a su vez, según cuenta Wikipedia), el origen del nombre está en la propia Epifanía y “según el cuento popular, los Reyes Magos, de camino a Belén para llevar sus presentes al Niño Jesús, al no conseguir encontrar el camino correcto, pidieron ayuda a una anciana. A pesar de la insistencia de estos para que les siguiese en su visita al pequeño, la mujer no salió de casa para acompañarlos. Más tarde, al arrepentirse de no haber ido con ellos, y tras preparar un cesto con dulces, salió de casa y se puso a buscarlos, sin conseguirlo. De esta forma se paró en cada casa que encontraba a lo largo del camino, dando chucherías a los niños que encontraba, con la esperanza de que alguno de ellos fuese el pequeño Jesús. Desde entonces vagaría por el mundo haciendo regalos a todos los niños para hacerse perdonar.”

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Hablábamos hoy en clase de expresiones para saludar y para despedirse (y debatíamos, entre otras cosas, del “buen día”, en singular, y el “buenos días”, pluarl) y comentaba a mis alumnos que yo, personalmente, hasta que empecé a trabajar dando clases de español a extranjeros nunca me había despedido con la expresión “¡Buen fin de semana!”. Normalmente, los viernes solía despedirme de mis compañeros con “¡que descanséis!”, “¡que lo paséis bien!” o “¡que tengáis un buen finde!”.

Pero lo que me ha llamado la atención y lo que he aprendido (esencia y leitmotiv de las notas que recojo en este blog) viene ahora: en la clase tengo cuatro alumnos alemanes y me han dicho que en Alemania, cuando una persona se va a casa al final de la jornada laboral e, incluso, cuando envía el último e-mail profesional a compañeros, por ejemplo, se despiden con la expresión Schönen Feierabend que podríamos traducir como “buen final de trabajo” o “buen fin de la jornada laboral”. A mí me recuerda a cuando en el cole daban los avisos por megafonía a las ocho de la mañana y se despedían con ese “buenos días y buen trabajo” que, por tanto, no asocio con la despedida del día sino con el comienzo de una jornada…

A mí se me ocurren otras muchas formas, como “adiós caracol”, “chao pescao”, “que te sea leve”, “sé bueno” o “vete por la sombra” :D

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Por Iñaki Berazaluce | 30.07.2011 | 08:56 h.

Por el sudor de las manos. En gran parte del mundo el saludo más habitual entre personas es chocando las manos, pero ese gesto no resulta muy agradable cuando uno o dos de las personas tienen las manos sudadas. En el extremo oriente, la incidencia de la hiperhidrosis –que es como se llama al exceso de sudoración- alcanza al 25% de la población, un porcentaje nueve veces superior a la media mundial, que es del 2,8%.

Por tanto, en países como China o Japón (pero también en Brasil o Israel) una de cada cuatro personas suda excesivamente, de modo que casi la mitad (44%) de todos los apretones de manos posibles estarían impregnados en sudor. La respuesta cultural para evitar ese mal trago de origen fisiológico es recurrir a la inclinación de tronco, una reverencia que entraña todo un ceremonial en Japón.

Por tanto, la hiperhidrosis puede estar en el origen de la conocida aversión de los nipones hacia el contacto físico con extraños (y no sólo con extraños). En un revelador experimento realizado por el antropólogo Edward Hall en la década de los 60 –reseñado por Flora Davis en su clásico “La comunicación no verbal”- los investigadores metieron a dos desconocidos de distintas culturas en una habitación a charlar. En función de las respectivas ‘distancias de intimidad’ los interlocutores se movían por la habitación, huyendo los que se sentían invadidos (japoneses y chinos), aproximándose los que buscaban mayor contacto (árabes y latinos).

El caso extremo se produjo precisamente en el dueto formado por un japonés, con una posibilidad entre cuatro de que le sudaran las manos, y un árabe. Mientras éste trataba de aproximarse, el nipón retrocedía, sintiéndose invadido por el primero. La conversación se inició en un extremo de la habitación y terminó en la otra, con el japonés atrapado entre el árabe y la pared.

Por cierto, la hiperhidrosis tiene cura e incluso una asociación mundial de afectados. También tiene una neurosis derivada: la transpirofobia.

El dato sobre la distribución geográfica de la hiperhidrosis está tomado de “Tú, manual de usuario”, de Roizan y Oz.

Fuente | Cooking Ideas

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Me ha parecido muy curioso esto que han explicado unos alumnos franceses en clase y me ha transmitido un profe: el dedo al que en español llamamos meñique, en francés se dice auriculaire. ¿El motivo? Fácil de imaginar, ¿no? Es el dedito que va a la oreja cuando pica :-) (Es, al menos, la explicación que han dado los estudiantes).

Ya metidos en faena, he buscado los nombres de los otros dedos y los he encontrado, como muchas veces, en Yahoo! Respuestas.

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Hoy he conocido una tradición inglesa que me ha encantado y de la que tomo nota aquí para tenerla presente y poder adaptarla a las clases de E/LE. Se llama Red Nose Day y que tiene un cristalino eslógan: “Do something funny for money”. Pero no nos llevemos a engaño, ese “for money” es totalmente altruísta. Es lo que los ingleses llaman un “charity day” (cuya traducción literal sería “día de caridad” o, para nosotros, una “acción solidaria”) que tiene su origen en un grupo de cómicos -de ahí la nariz roja de payaso- y de la que podéis conocer algo más en este enlace.

Hablando de esto en clase, las alumnas brasileñas han comentado que en Brasil existe el McDia Feliz, una iniciativa de la multinacional norteamericana de comida rápida que consiste en donar dinero para los niños enfermos de cáncer por cada Big Mac vendido. Como digo, tomo nota.
 

Los nombres de los colores en español [Fuente: Blog Cooking Ideas]

Los nombres de los colores en español [Fuente: Blog Cooking Ideas]

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¿Os acordáis de cuando mamá o papá nos mandaban a la cama cuando empezaba un programa, una serie o una película y nos decían: “Venga, a la cama, que tiene dos rombos? Claro, ni había mando a distancia ni había muchos canales para hacer zapping… y era una poderosa razón. Los dos rombos indicaban que la producción contenía sexo o que era de miedo. Claro, eso del contenido sexual era bastante relativo ya que la serie Los ángeles de Charlie estaba calificada con esos dos rombos :o

La cuestión ha cambiado… y mucho. En España son ahora unos códigos de colores y unas abreviaturas (TP para todos los públicos o un número dentro de un círculo de algún color que indica la edad mínima)… y algo parecido ocurre en Polonia, donde el semáforo de calificaciones se compone de un círculo verde indica que es para todos los públicos, un círculo rojo que es para mayores de 18 años, y un triángulo amarillo con los números 7, 12 y 16 indican que es la edad mínima recomendada.

Pero el que más me gusta es el de Holanda. Ahí toda la información está dentro de círculos negros. Con AL se indica que es para todos los públicos; con MG6 se recomienda que los menores de 6 años estén acompañados de algún adulto; con 12 y 16, las edades mínimas. Pero, además hay otros iconos que haen referencia al contenido: un puño indica que hay violencia; dos pares de pies que hay sexo; una araña que es de terror; una jeringuilla que hay drogas y/o alcohol; un muñeco negro dentro de un grupo de muñecos blancos que hay algún tipo de discriminación o racismo; y un muñeco del que salen unos rayos de la boca que hay palabrotas. Me pregunto cuántos iconos debe poner la televisión holandesa cada vez que proyecta una película de Tarantino o de los Hermanos Coen.

Antes de despedirme, os recomiendo que entréis en el link de los iconos sobre los contenidos en la tele holandesa. Merece la pena echarles un vistazo ;-)

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Me ha encantado enterarme de esto porque muestra la belleza del lenguaje en su variedad de lenguas. En inglés se dice trick question a lo que es español se llama pregunta trampa o pregunta con truco. No cambiaría el significado (‘trick’ significa precisamente ‘truco, trampa’). Pero, ¿sabéis cómo se traduciría la expresión en holandés? Sería algo así como pregunta con lazo. Cuando me lo contaban alumnos me decían: es una pregunta con… (y hacían el gesto de hacerse un lazo en el pelo). Imagino que será por aquello de que va con sorpresa, ¿no?