Es curioso como una cosa tan simple como el agua puede producir malentendidos, incomodidades y choques culturales.
En España, lo normal es beber agua sin gas. Cuando en el restaurante pedimos agua, el camarero nos puede preguntar… ¿fría o del tiempo? Pero rara vez nos preguntará sin la queremos con gas o sin gas. Dará por hecho que la queremos sin gas. Si nos gusta o nos apetece agua con gas tendremos que especificarlo.
Sin embargo, en otros países como Alemania, es todo lo contrario. Si pedimos agua en un restaurante entenderán que la queremos con gas. En mi caso, debería especificar: natural, por favor. Es decir, sin gas.
En Francia, por ejemplo, normalmente no se cobra el agua. Traen una botella o una jarra de agua natural sin gas para acompañar a la comida y a la bebida que estemos tomando. Pagas el vino, no el agua.
Recuerdo que, cuando estuve en Panamá, era difícil encontrar botellas de agua porque, imagino, había tanta y tan buena en la naturaleza que nos rodeaba, que al supermercado o a la tienda se iba a por una soda (un refresco) o a por una cerveza. Agua natural -con y sin gas- embotellada la encontraba en… ¡las farmacias! Sí, pero es que una ‘farmacia panameña’ no es una ‘farmacia española’. Es una especie de mini-market donde se venden, en una sección, los medicamentos.