En Pisa aprendí que el capuccino no se toma después de comer, sólo para desayunar. Efectivamente, durante todos las dos semanas que estuve por tierras italianas a la hora del desayuno pedía un capuccino para acompañar a algún dulce o a algo de pan. Sin embargo, sólo un día me dio por pedir un café tras la comida y como no bebo café solo pedí capuccino mientras mi amigo Sergio pedía un espresso. El camarero, al traerme mi capuccino me dijo, muy educadamente: “Le he traído su capuccino porque usted es español, pero en Italia no se sirve después de la comida”. Le agradecía la explicación al tiempo que buscaba la mirada cómplice de Sergio, que asentía con una sonrisa.

En clase, suelo contar esta anécdota cuando les cuento que los españoles no solemos cenar paella (sólo para comer y, casi siempre, el sábado o el domingo en familia) ni tomar churros de postre (sólo para desayunar o para merendar).