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Se acerca la Navidad (ahora sí, no cuando quiera El Corte Inglés) y es tema recurrente en nuestras clases de español para extranjeros… y nunca se deja de aprender (de ahí el sentido de la existencia de este blog).

Las dos últimas semanas he tenido la ocasión -y el placer- de dar clase a un grupo de chicos y chicas de un instituto del norte de Italia, de una ciudad cercana a Milán y, hablando de la Navidad y los regalos, de Papá Noel (‘Babbo Natale’, en versión italiana) y de los Reyes Magos que llevan carbón a los “niños malos”, les pregunté si existía esa costumbre en Italia del carbón y me comentaron que sí, pero que no eran los Reyes Magos los portadores del negro mineral dulcificado sino una bruja, una tal Befana.

Según cuenta la leyenda (y, a su vez, según cuenta Wikipedia), el origen del nombre está en la propia Epifanía y “según el cuento popular, los Reyes Magos, de camino a Belén para llevar sus presentes al Niño Jesús, al no conseguir encontrar el camino correcto, pidieron ayuda a una anciana. A pesar de la insistencia de estos para que les siguiese en su visita al pequeño, la mujer no salió de casa para acompañarlos. Más tarde, al arrepentirse de no haber ido con ellos, y tras preparar un cesto con dulces, salió de casa y se puso a buscarlos, sin conseguirlo. De esta forma se paró en cada casa que encontraba a lo largo del camino, dando chucherías a los niños que encontraba, con la esperanza de que alguno de ellos fuese el pequeño Jesús. Desde entonces vagaría por el mundo haciendo regalos a todos los niños para hacerse perdonar.”

Recuerdo el primer viaje que hice por Italia con mi amigo Sergio, con el que recorrí en coche gran parte de Umbria y de Toscana, y en el que constantemente mi amigo me decía: “¡Guarda, Ramón…”! cuando hablábamos de política o me quería explicar algo de alguna comida o me contaba cualquier curiosidad artística o histórica. Confieso que los primeros dos días no entendía nada y miraba lo que tenía en las manos para guardarlo…

Comencé a sospechar el significado y le pregunté para confirmarlo: “Sergio, cuando dices ‘guarda’, ¿me quieres decir que mire?”. Unas risas. “Sí, claro, excusa Ramón… Mira, mira…” Ese día aprendía la lección (el imperativo del verbo “guardare”).

Hace un par de días viendo un -otro- partido de baloncesto del Mundial que se acaba esta tarde, me sorprendió escuchar que durante el tiempo muerto de la selección de Argentina, hasta dos jugadores argentinos llamaban la atención de sus compañeros con esa misma forma: “¡Guarda, cortas por debajo y recibes…!” No voy a descubrir las relaciones entre Italia y Argentina pero no estoy seguro de si es algo habitual en la variedad del español de Argentina o de si es una costumbre de algunos jugadores que hayan jugado en la liga italiana… yo sospecho que es lo primero.

Es bastante conocido entre nuestros alumnos eso de que tras la cena de Nochevieja y al ritmo de las doce campanadas que dan la bienvenina al Año Nuevo, los españoles comemos doce uvas. En Italia, ya sabemos, lo que comen son lentejas… pero nada de que son doce cucharadas, sólo un pequeño platito. De otros países poco sabemos, en general.

En Polonia, por ejemplo, hay una tradición que invita a preparar doce platos diferentes para esa cena de Nochevieja. Se mantiene la simbología del número 12 para llamar a la buena fortuna para los doce meses del nuevo año. Si nos paramos a contar, por cierto, es bastante probable que los españoles también comamos doce, si no más, cosas diferentes esa noche y la de Nochebuena.

Por cierto, también en Polonia -y creo que recordar que es una tradición que se repite en la República Checa y, tal vez en otros países- se pone en la mesa un servicio (platos, vasos y copas, cubiertos, servilleta…) para una persona más de las que van a comer, representando que siempre hay sitio para un invitado más. Esta tradición me gusta. Igual este año la importo a mi casa :)

Ahora que estoy terminando este post me acuerdo de que en Japón comen unos tallarines largos -creo que se llaman toshikoshi soba-, muy largos, que representan una larga vida para los que los comen.

Una de mis pasiones es el baloncesto, muchos lo sabéis. Durante los años que el italiano Sergio Scariolo -actual seleccionador nacional de España- estuvo entrenando al Unicaja en Málaga he escuchado sus ruedas de prensa tratando, además de aprender un poco de este precioso juego, de descubrir algún error en su español, tarea realmente ardua ya que habla a la perfección. Ni un subjuntivo, ni una preposición… nada. Sin embargo, tenia la sensación de que cuando usaba el adverbio ‘seguramente’ no lo hacía con intención de expresar probabilidad sino certeza.

Durante el Mundial de Turquía que se está disputando estos días, otro grandísimo entrenador italiano, Ettore Messina, histórico preparador del CSKA de Moscú y actual director técnico del Real Madrid, está comentando algunos partidos para La Sexta, el canal de televisión que, junto a Marca TV, está emitiendo los partidos del campeonato. Efectivamente, aunque su español dista mucho del de su homólogo y compatriota Scariolo, ese mismo error lo he detectado. Por ejemplo, cuando dice ‘Seguramente España está atacando mejor que el partido contra Francia’ realmente quiere decir que es un hecho y no una apreciación probable.

He preguntado a mi alumna milanesa Sara y me ha confirmado que en italiano ‘seguramente’ significa ‘seguro’. Es interesante estar atento y hacer ver a nuestros alumnos italianos este matiz de significado y sus efectos en la sintaxis.

Seguramente, si eres profesor de español, habrás escuchado muchas veces esa frase o alguna similar, especialmente de alumnos de lengua materna italiana o que hablan italiano como segunda lengua. Desde siempre he tenido la mosca detrás de la oreja porque si bien hay muchas situaciones en las que se debe utilizar subjuntivo en las que los estudiantes usan indicativo y viceversa (aunque viceversa ocurre menos), esta es una de las funciones en las que menos errores ocurren. Suele estar claro que “creo que” es con indicativo.

Me fijé en que muchos de los alumnos italianos suelen cometer ese error y en cuanto he preguntado y mirado un poco en libros he descubierto que la traducción de “creo que es” en italiano es “penso che sia”, en subjuntivo. Otro ejemplo: “creo que está bien” es “credo che stia bene”. Blanco y en botella…

Suelo hacer bastante hincapié a los alumnos italianos o que hablan italiano en esta situación. Es una forma de anticipar posibles/probables errores.

La clase de hoy ha sido muy divertida. Suelo pasar una encuesta sobre conocimientos socioculturales sobre España y les pido que preparen una similar sobre sus respectivos países. Esta semana hemos aprendido un montón de España, de Alemania, de Austria, de Rusia, de Italia y de China, de donde son los alumnos de la clase y un servidor.

Precisamente de estos dos últimos países es la anécdota que os cuento. La última pregunta de la encuesta sobre China y los chinos era así: ¿Cómo se dice ‘joder’ en chino? Y nos daba cuatro opciones -por cierto, las cuatro correctas-. La más usada es ‘cao’ que, fonéticamente, suena prácticamente igual que ‘ciao’ en italiano. De ahí las risas, especialmente de Sara y del propio Lei, y la confesión de este último de las bromas que hay en China cuando un turista italiano saluda o se despide ;)

En Pisa aprendí que el capuccino no se toma después de comer, sólo para desayunar. Efectivamente, durante todos las dos semanas que estuve por tierras italianas a la hora del desayuno pedía un capuccino para acompañar a algún dulce o a algo de pan. Sin embargo, sólo un día me dio por pedir un café tras la comida y como no bebo café solo pedí capuccino mientras mi amigo Sergio pedía un espresso. El camarero, al traerme mi capuccino me dijo, muy educadamente: “Le he traído su capuccino porque usted es español, pero en Italia no se sirve después de la comida”. Le agradecía la explicación al tiempo que buscaba la mirada cómplice de Sergio, que asentía con una sonrisa.

En clase, suelo contar esta anécdota cuando les cuento que los españoles no solemos cenar paella (sólo para comer y, casi siempre, el sábado o el domingo en familia) ni tomar churros de postre (sólo para desayunar o para merendar).