Posts Tagged: alemania

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Me contaba una alumna hace unos días en clase que durante el Carnaval de Colonia (y, por lo que he podido leer, en algunas otras ciudades de Alemania) hay un día llamado Weiberfastnach, en el que las mujeres le cortan la corbata a cualquier hombre que lleve dicha prenda. Yo les pregunté si a cualquier hombre o a los que participan de la fiesta en algún lugar y me contestó que cualquier hombre que lleve corbata se arriesga a que “se la corten”.

Parece ser que todo viene de algún tipo de revolución femenina de mediados del siglo XIX, lo que se recuerda cada año a principios del Carnaval, con este día (que creo que siempre es un jueves), en el que cortar la corbata representa corta lo más viril, lo más masculino del hombre.

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Hablábamos hoy en clase de expresiones para saludar y para despedirse (y debatíamos, entre otras cosas, del “buen día”, en singular, y el “buenos días”, pluarl) y comentaba a mis alumnos que yo, personalmente, hasta que empecé a trabajar dando clases de español a extranjeros nunca me había despedido con la expresión “¡Buen fin de semana!”. Normalmente, los viernes solía despedirme de mis compañeros con “¡que descanséis!”, “¡que lo paséis bien!” o “¡que tengáis un buen finde!”.

Pero lo que me ha llamado la atención y lo que he aprendido (esencia y leitmotiv de las notas que recojo en este blog) viene ahora: en la clase tengo cuatro alumnos alemanes y me han dicho que en Alemania, cuando una persona se va a casa al final de la jornada laboral e, incluso, cuando envía el último e-mail profesional a compañeros, por ejemplo, se despiden con la expresión Schönen Feierabend que podríamos traducir como “buen final de trabajo” o “buen fin de la jornada laboral”. A mí me recuerda a cuando en el cole daban los avisos por megafonía a las ocho de la mañana y se despedían con ese “buenos días y buen trabajo” que, por tanto, no asocio con la despedida del día sino con el comienzo de una jornada…

A mí se me ocurren otras muchas formas, como “adiós caracol”, “chao pescao”, “que te sea leve”, “sé bueno” o “vete por la sombra” :D

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Es curioso como una cosa tan simple como el agua puede producir malentendidos, incomodidades y choques culturales.

En España, lo normal es beber agua sin gas. Cuando en el restaurante pedimos agua, el camarero nos puede preguntar… ¿fría o del tiempo? Pero rara vez nos preguntará sin la queremos con gas o sin gas. Dará por hecho que la queremos sin gas. Si nos gusta o nos apetece agua con gas tendremos que especificarlo.

Sin embargo, en otros países como Alemania, es todo lo contrario. Si pedimos agua en un restaurante entenderán que la queremos con gas. En mi caso, debería especificar: natural, por favor. Es decir, sin gas.

En Francia, por ejemplo, normalmente no se cobra el agua. Traen una botella o una jarra de agua natural sin gas para acompañar a la comida y a la bebida que estemos tomando. Pagas el vino, no el agua.

Recuerdo que, cuando estuve en Panamá, era difícil encontrar botellas de agua porque, imagino, había tanta y tan buena en la naturaleza que nos rodeaba, que al supermercado o a la tienda se iba a por una soda (un refresco) o a por una cerveza. Agua natural -con y sin gas- embotellada la encontraba en… ¡las farmacias! Sí, pero es que una ‘farmacia panameña’ no es una ‘farmacia española’. Es una especie de mini-market donde se venden, en una sección, los medicamentos.

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No sé cuántas veces, de pequeño, mi madre, mi padre o mi abuela me habrán dicho eso de que “está muy feo estirarse en público”. Creo que todos los padres de España lo habrán dicho a sus hijos y bien inculcado que se ha quedado en nosotros. Es algo que, entendía, era universal… hasta que me topé con la realidad del aula.

No sabría decir con certeza en qué países o culturas está aceptado y en cuáles no -me vienen a la cabeza alumnos alemanes, estadounidenses y suecos…-, pero sí que es verdad que nuestros alumnos no tienen ningún tipo de pudor en estirarse (y bien estirados) durante las clases. Cada vez que ocurre aprovecho para hacerles ver que eso, aquí, es un signo de mala educación y que no lo hagan si son invitados en una casa española. Normalmente suelen argumentar que es sano, muy saludable, y no les quito razón, pero igualmente reconozco que es más saludable cenar más temprano para que a la hora de dormir ya hayamos hecho la digestión, pero antes de las 21:00 no me entra nada en el estómago… Cuestiones culturales.

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He estado tomando algo con algunos alumnos en una tetería en el centro de Málaga y entre las conversaciones que hemos tenido, una ha sido especialmente interesante y la traigo a este blog.

Es curioso cómo en cada país o cultura contamos con las manos de una forma u otra. Por ejemplo, los españoles solemos comenzar a contar con el índice, después el corazón, el tres con el anular, el cuatro con el meñique y por último el pulgar. Y vamos desplegando los dedos.

Por su parte, los rusos comienzan a contar desde el meñique y terminan con el pulgar. Comienzan con la palma abierta y van cerrando los dedos poco a poco. Por su parte, en Estados Unidos lo hacen igual pero en lugar de ir cerrando la mano, la van abriendo.

Los japoneses, por ejemplo, lo hacen igual que los españoles. Pero los alemanes y los austriacos comienzan por el pulgar -para el uno- y siguen en orden hasta el meñique -para el número cinco-.

Nos comentaba algún alumno que en China lo hacen de otro modo: comienzan con la mano cerrada y “sacar” el índice para indicar el úno, el dos es el corazón, el tres el anular, el cuatro el meñique y para señalar el cinco, cierran la mano y sacan el pulgar sólo. El pulgar con el índice es el seis y así sucesivamente hasta el 10, que lo marcan con el puño cerrado… Vaya, que puedes pedir dos cervezas -con el índice y el pulgar- y te sirven seis…

No sé si lo habéis entendido bien y espero no haberme confundido…

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Entre los tópicos que se suelen atribuir a los españoles se dice que son machistas. Sin embargo, hay algunos hábitos socioculturales en los países del centro, del norte o del este de Europa que me hacen pensar en cierta forma de machismo.

Por ejemplo, tanto en Alemania como en Polonia o en la República Checa, por ejemplo, cuando en un bar o en un restaurante se pide una cerveza, a los hombres automáticamente se les sirve una jarra de medio litro mientras que a las mujeres la cantidad es menor, aproximadamente un tercio.

En el caso de Polonia, a las mujeres le echan algún sirope al vaso -por ejemplo, caramelo o vainilla líquida- antes de tirar la cerveza, algo que no sirven a los hombres. Si la mujer quiere medio litro debe especificarlo. Habrá que leer esto de algún modo… ¿machismo, costumbre?