Esa es la traducción que le hemos podido dar a la receta que nos han contado nuestros alumnos chinos, con cierta carita de asco todo hay que decirlo, que se come en el sur de China.
A ver, brevemente: se coge con los palillos al ratón (y ahí está el primer grito); a continuación se escalda -el ratón sigue vivo- en aceite muy, muy, muy caliente… con un movimiento ágil y rápido (segundo grito… entiéndase que los gritos los da el ratón, no el comensal); seguidamente, a la boca -el ratón sigue vivo-, donde da el tercer grito.
Bon apetit!
He estado tomando algo con algunos alumnos en una tetería en el centro de Málaga y entre las conversaciones que hemos tenido, una ha sido especialmente interesante y la traigo a este blog.
Es curioso cómo en cada país o cultura contamos con las manos de una forma u otra. Por ejemplo, los españoles solemos comenzar a contar con el índice, después el corazón, el tres con el anular, el cuatro con el meñique y por último el pulgar. Y vamos desplegando los dedos.
Por su parte, los rusos comienzan a contar desde el meñique y terminan con el pulgar. Comienzan con la palma abierta y van cerrando los dedos poco a poco. Por su parte, en Estados Unidos lo hacen igual pero en lugar de ir cerrando la mano, la van abriendo.
Los japoneses, por ejemplo, lo hacen igual que los españoles. Pero los alemanes y los austriacos comienzan por el pulgar -para el uno- y siguen en orden hasta el meñique -para el número cinco-.
Nos comentaba algún alumno que en China lo hacen de otro modo: comienzan con la mano cerrada y “sacar” el índice para indicar el úno, el dos es el corazón, el tres el anular, el cuatro el meñique y para señalar el cinco, cierran la mano y sacan el pulgar sólo. El pulgar con el índice es el seis y así sucesivamente hasta el 10, que lo marcan con el puño cerrado… Vaya, que puedes pedir dos cervezas -con el índice y el pulgar- y te sirven seis…
No sé si lo habéis entendido bien y espero no haberme confundido…
La clase de hoy ha sido muy divertida. Suelo pasar una encuesta sobre conocimientos socioculturales sobre España y les pido que preparen una similar sobre sus respectivos países. Esta semana hemos aprendido un montón de España, de Alemania, de Austria, de Rusia, de Italia y de China, de donde son los alumnos de la clase y un servidor.
Precisamente de estos dos últimos países es la anécdota que os cuento. La última pregunta de la encuesta sobre China y los chinos era así: ¿Cómo se dice ‘joder’ en chino? Y nos daba cuatro opciones -por cierto, las cuatro correctas-. La más usada es ‘cao’ que, fonéticamente, suena prácticamente igual que ‘ciao’ en italiano. De ahí las risas, especialmente de Sara y del propio Lei, y la confesión de este último de las bromas que hay en China cuando un turista italiano saluda o se despide ;)
Me encanta cuando los alumnos chinos dicen esa frase. Mucho más, teniendo en cuenta que los españoles, cuando no entendemos nada, decimos que “nos suena a chino”. Pero tiene su sentido…
Bueno, hay un primer motivo que es evidente y que justifica que casi siempre se diga que la lengua materna es más fácil que la lengua que estudio. Pero hay otra razón muy interesante en este caso concreto: los verbos en chino, me cuentan mis estudiantes, no cambian ni la persona ni el número ni el tiempo. Es decir, si no queremos decir yo comí ayer sería algo así como yo comer ayer mientras que si mi intención es decir nosotros comeremos mañana sería nosotros comer mañana. Claro que es más fácil… los verbos.
De la fonética no podemos decir lo mismo pero conocer este aspecto de la organización del sistema verbal chino me ha ayudado a entender las dificultades de estos alumnos con nuestro sistema verba, realmente complejo y completo y a dotarme, si cabe, de un poco más de paciencia para con ellos.