Posts Tagged: cultura

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He estado tomando algo con algunos alumnos en una tetería en el centro de Málaga y entre las conversaciones que hemos tenido, una ha sido especialmente interesante y la traigo a este blog.

Es curioso cómo en cada país o cultura contamos con las manos de una forma u otra. Por ejemplo, los españoles solemos comenzar a contar con el índice, después el corazón, el tres con el anular, el cuatro con el meñique y por último el pulgar. Y vamos desplegando los dedos.

Por su parte, los rusos comienzan a contar desde el meñique y terminan con el pulgar. Comienzan con la palma abierta y van cerrando los dedos poco a poco. Por su parte, en Estados Unidos lo hacen igual pero en lugar de ir cerrando la mano, la van abriendo.

Los japoneses, por ejemplo, lo hacen igual que los españoles. Pero los alemanes y los austriacos comienzan por el pulgar -para el uno- y siguen en orden hasta el meñique -para el número cinco-.

Nos comentaba algún alumno que en China lo hacen de otro modo: comienzan con la mano cerrada y “sacar” el índice para indicar el úno, el dos es el corazón, el tres el anular, el cuatro el meñique y para señalar el cinco, cierran la mano y sacan el pulgar sólo. El pulgar con el índice es el seis y así sucesivamente hasta el 10, que lo marcan con el puño cerrado… Vaya, que puedes pedir dos cervezas -con el índice y el pulgar- y te sirven seis…

No sé si lo habéis entendido bien y espero no haberme confundido…

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Es bastante conocido entre nuestros alumnos eso de que tras la cena de Nochevieja y al ritmo de las doce campanadas que dan la bienvenina al Año Nuevo, los españoles comemos doce uvas. En Italia, ya sabemos, lo que comen son lentejas… pero nada de que son doce cucharadas, sólo un pequeño platito. De otros países poco sabemos, en general.

En Polonia, por ejemplo, hay una tradición que invita a preparar doce platos diferentes para esa cena de Nochevieja. Se mantiene la simbología del número 12 para llamar a la buena fortuna para los doce meses del nuevo año. Si nos paramos a contar, por cierto, es bastante probable que los españoles también comamos doce, si no más, cosas diferentes esa noche y la de Nochebuena.

Por cierto, también en Polonia -y creo que recordar que es una tradición que se repite en la República Checa y, tal vez en otros países- se pone en la mesa un servicio (platos, vasos y copas, cubiertos, servilleta…) para una persona más de las que van a comer, representando que siempre hay sitio para un invitado más. Esta tradición me gusta. Igual este año la importo a mi casa :)

Ahora que estoy terminando este post me acuerdo de que en Japón comen unos tallarines largos -creo que se llaman toshikoshi soba-, muy largos, que representan una larga vida para los que los comen.

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No todas las anotaciones que hago en este blog sobre lo que aprendo son sobre otras culturas u otros países. La suerte de vivir en un contexto intercultural hace que también reflexione sobre mi propia cultura. Hoy, hablando sobre los horarios de las comidas en España, caía en la cuenta de que muchas veces hablamos de horas a la ligera, cuando la realidad me dice que desayunamos en función de la hora a la que empiezo a trabajar o a la que entro en clase y almuerzo y ceno alrededor del telediario.

Pero más curioso es el caso de la influencia de El Corte Inglés en los paisajes de nuestras ciudades o en nuestros hábitos. El Corte Inglés abre a las 10:00 y cierra a las 22:00. En cuanto cierra, los alrededores son desiertos y entendemos que se va acabando el día. Mi madre, por ejemplo, siempre ha dicho que “a esa hora no paso por ahí porque ya está cerrado El Corte Inglés y no hay un alma por las calles”. Y las madres siempre tienen razón, ¿no?

O, por poner otro ejemplo, ¿cuándo empieza la Navidad? Cuando El Corte Inglés pone las luces en su fachado. ¿Y cuándo termina el verano? Cuando El Corte Inglés lanza su campaña de la vuelta al cole. ¿Se nota la crisis? Sí, porque los dependientes de El Corte Inglés están paradas sin atender a nadie, sólo doblando la ropa.

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Ayer me contaba una profesora que en Suiza, cuando te compras una casa o alquilas un apartamente, junto al contrato y las llaves, te dan un libro que, a modo de manual de instrucciones de un electrodoméstico, te informa de cuándo se recoge la basura, a qué hora puedes clavar un cuadro y desde qué hora está prohibido ducharse.

Después, a ese librito, si además de cambiar de piso has cambiado de ciudad, hay que sumarle lo que dice la ley en cada uno de los cantones… por no hablar de que si al desplazarte unos kilómetros por el país te han cambiado también el idioma.

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Entre los tópicos que se suelen atribuir a los españoles se dice que son machistas. Sin embargo, hay algunos hábitos socioculturales en los países del centro, del norte o del este de Europa que me hacen pensar en cierta forma de machismo.

Por ejemplo, tanto en Alemania como en Polonia o en la República Checa, por ejemplo, cuando en un bar o en un restaurante se pide una cerveza, a los hombres automáticamente se les sirve una jarra de medio litro mientras que a las mujeres la cantidad es menor, aproximadamente un tercio.

En el caso de Polonia, a las mujeres le echan algún sirope al vaso -por ejemplo, caramelo o vainilla líquida- antes de tirar la cerveza, algo que no sirven a los hombres. Si la mujer quiere medio litro debe especificarlo. Habrá que leer esto de algún modo… ¿machismo, costumbre?

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Hace unos días hablábamos en clase sobre la mala suerte a raíz de que la Feria de Málaga empieza este año el viernes 13 de agosto y les comentaba los alumnos que en España el día señalado como de mala suerte es el martes 13 y no el viernes 13. A partir de ahí la conversación derivó en la superstición.

En el desarrollo y la conformación de una conciencia intercultural es interesantísimo conocer las costumbres de cada país o comunidad ya que te permite ampliar tu forma de entender el mundo y de relacionarte así como de seguir aprendiendo sobre la cultura propia. Esto es precisamente lo que me ocurrió.

Comentábamos las supersticiones habituales y comunes (el espejo roto, pasar por debajo de las escaleras, el gato negro, etc.) y nos decía Erik que en su país, Eslovaquia, cuando se cae un cuadro de la pared es que algún familiar o amigo cercano va a morir, lo cual me pareció -y así se lo hice saber- un tanto radical. Por su parte, Agnieszka nos dijo que en Polonia no se podían regalar zapatos a la pareja porque eso significaba que te iba a dejar. Y comentando todo esto con los compañeros, me confirmaron que en lo de los zapatos también es un una superstición, al igual que regalar un pañuelo, que tampoco se hace porque significa que se va a hacer llorar a la otra persona.

Yo no creo en estas cosas pero, por si acaso, tocaré madera ;)

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Para mí, malagueño y andaluz, las frutas del bosque son unas frutas pequeñitas y de colores vivos que van siempre en grupo y que están dibujadas en los yogures, zumos o mermeladas de dicho sabor. Sin embargo, como profesor de español me he visto en el aprieto de tener que ponerle nombre a esas frutas individualmente cuando los alumnso me preguntaban qué es strawberry, blackberry, blueberry, raspberry o redcurrant.

Así, debo reconocer que fueron mis alumnos, especialmente los escandinavos, hace ya cerca de diez años, los que me obligaron a reconocer individualmente cada fruto. Y recuerdo que hace un par de años, cuando pasé unos días con mis amigas Melanie y Linda por Bélgica y Holanda, en casa de la primera disfrutamos de un postre de quesos y frutas del bosque y les comentaba a la familia que probablemente era la primera vez que veía en realidad esas frutas del bosque de las ilustraciones de los yogures. Seguramente exageré un poco, pero poco.

Y para quien lo necesite, dejo aquí las traducciones, con la seguridad de que volveré a este post con cierta frecuencia: arándano azul (blueberry), arándano rojo (cranberry), frambuesa (raspberry), fresa (strawberry), grosella (redcurrant), mora (blackberry).

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Hoy nos ha explicado Ekaterina en clase todo eso de los nombres en Rusia. Si algunos piensan que eso de tener dos apellidos en España es complicado, atención a lo de nuestros amigos del país más grande del mundo…

Lo fácil: algunos apellidos cambian según los lleve un hombre o una mujer. Por ejemplo, un hermano es Ivanov y su hermana es Ivanova. Si esta chica, llamémosla Daria Ivanova se casa con, digamos, Alexander Babkov, pasará a llamarse Daria Babkova: toma el apellido del marido (perdiendo el suyo) pero en femenino.

Seguimos… Normalmente, nos siguió contando Ekaterina, los hijos usan como segundo nombre el nombre del padre, pero con las correspondientes variaciones de género, que no son las mismas que las anteriormente citadas. Si el padre se llama Ivan, su hijo Armén se llamará Armén Ivanievich mientras que la hija (y hermana de Armén) se llamará Anastasía Ivanievna.

Interesante, ¿verdad?

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En Pisa aprendí que el capuccino no se toma después de comer, sólo para desayunar. Efectivamente, durante todos las dos semanas que estuve por tierras italianas a la hora del desayuno pedía un capuccino para acompañar a algún dulce o a algo de pan. Sin embargo, sólo un día me dio por pedir un café tras la comida y como no bebo café solo pedí capuccino mientras mi amigo Sergio pedía un espresso. El camarero, al traerme mi capuccino me dijo, muy educadamente: “Le he traído su capuccino porque usted es español, pero en Italia no se sirve después de la comida”. Le agradecía la explicación al tiempo que buscaba la mirada cómplice de Sergio, que asentía con una sonrisa.

En clase, suelo contar esta anécdota cuando les cuento que los españoles no solemos cenar paella (sólo para comer y, casi siempre, el sábado o el domingo en familia) ni tomar churros de postre (sólo para desayunar o para merendar).