Hace unos días, viendo un reportaje sobre la producción del cristal, aprendí algo nuevo y curioso. La palabra cristalizar deriva, eso no es ningún descubrimiento, de la palabra cristal. Veamos algunos ejemplos del uso de este verbo en la prensa reciente:
Pues el sentido viene de la diferencia entre el vidrio y el cristal. Se tiende a pensar, erróneamente, que la única diferencia es que el vidrio es más tosco que el cristal, que sería más fino. Sin embargo, la diferencia es más profunda y atañe a la organización de los átomos que, en el caso del cristal, están dispuestos en una red tridimensional, guardando un orden y unas ciertas simetrías, repitiendo infinitamente la disposición formando una estructura cristalina, mientras que el vidrio no tiene sus átomos ordenados y su estructura tridimensional no forma una red con simetría. Las cosas, pues, cristalizan, porque llegan a buen puerto, es decir, a la perfección, esa perfección de la organización simétrica de la red de átomos del cristal.
Echándole un vistazo al DRAE, me doy cuenta de que, mientras el adjetivo cristalino es ‘lo parecido al cristal’ (lo usamos para decir que algo es claro, transparente, limpio… todas ellas características positivas), vidrioso es la persona ‘que fácilmente se resiente, enoja o desazona’ o algo ‘que fácilmente se quiebra o salta’, indiscutiblemente negativo.