No sé cuántas veces, de pequeño, mi madre, mi padre o mi abuela me habrán dicho eso de que “está muy feo estirarse en público”. Creo que todos los padres de España lo habrán dicho a sus hijos y bien inculcado que se ha quedado en nosotros. Es algo que, entendía, era universal… hasta que me topé con la realidad del aula.
No sabría decir con certeza en qué países o culturas está aceptado y en cuáles no -me vienen a la cabeza alumnos alemanes, estadounidenses y suecos…-, pero sí que es verdad que nuestros alumnos no tienen ningún tipo de pudor en estirarse (y bien estirados) durante las clases. Cada vez que ocurre aprovecho para hacerles ver que eso, aquí, es un signo de mala educación y que no lo hagan si son invitados en una casa española. Normalmente suelen argumentar que es sano, muy saludable, y no les quito razón, pero igualmente reconozco que es más saludable cenar más temprano para que a la hora de dormir ya hayamos hecho la digestión, pero antes de las 21:00 no me entra nada en el estómago… Cuestiones culturales.